Orlando Valdés

Publicaciones sobre el sistema eléctrico paraguayo.

Señales de que poco y nada cambiará en Itaipú

4 minutos de lectura
Entre todas las cínicas e insultantes falacias que históricamente se han pretendido imponer en torno a las hidroeléctricas binacionales, la peor de todas es que Itaipú y Yacyretá fueron construidas por Brasil y Argentina, mientras que Paraguay “solo puso el agua”.


Entre todas las cínicas e insultantes falacias que históricamente se han pretendido imponer en torno a las hidroeléctricas binacionales, la peor de todas es que Itaipú y Yacyretá fueron construidas por Brasil y Argentina, mientras que Paraguay “solo puso el agua”.

Con este “fundamento” se han justificado no solamente los abusos contra nuestro país, sino también el menoscabo de su condición de socio condómino del 50% de ambas centrales.

La idea de que Paraguay es el vecino pobre que tiene que dar poco menos que las gracias a sus dos “benefactores” por haberle permitido participar en los proyectos está ampliamente extendida en Brasil y Argentina, en su clase política, en su prensa, en su opinión pública.

Pero lo más triste es que, de manera abierta o disimulada, también es sostenida por muchos paraguayos hasta el día de hoy, sobre todo por aquellos que le han sacado y le siguen sacando provecho personal al actual estado de cosas.
Entre todas las cínicas e insultantes falacias que históricamente se han pretendido imponer en torno a las hidroeléctricas binacionales, la peor de todas es que Itaipú y Yacyretá fueron construidas por Brasil y Argentina, mientras que Paraguay “solo puso el agua”.

Con este “fundamento” se han justificado no solamente los abusos contra nuestro país, sino también el menoscabo de su condición de socio condómino del 50% de ambas centrales.

La idea de que Paraguay es el vecino pobre que tiene que dar poco menos que las gracias a sus dos “benefactores” por haberle permitido participar en los proyectos está ampliamente extendida en Brasil y Argentina, en su clase política, en su prensa, en su opinión pública.

Pero lo más triste es que, de manera abierta o disimulada, también es sostenida por muchos paraguayos hasta el día de hoy, sobre todo por aquellos que le han sacado y le siguen sacando provecho personal al actual estado de cosas.


Un ejemplo es nada menos que el asesor técnico del equipo negociador del Anexo C del Tratado de Itaipú, Ing. Guillermo López Flores, nombrado por Mario Abdo Benítez, quien reaccionó airadamente a un editorial de nuestro diario, trató de burros a los que desconocen el concepto de “non recourse project finance” y defendió la cesión obligatoria a precio irrisorio de los excedentes paraguayos por el hecho de que, al depender del flujo de caja de la central, la financiación solo era viable si Brasil garantizaba los préstamos y se comprometía a contratar el 100% de la potencia.

“Sin las disposiciones pétreas del artículo XIII del Tratado y la ley brasileña de compra compulsoria (sic) jamás se habría construido Itaipú”, señaló López Flores. En otras palabras, Paraguay solo puso el agua.


El artículo XIII del Tratado al que hace referencia, que establece el compromiso de contratar el total de la potencia instalada y el “derecho de adquisición” de la “energía que no sea utilizada por el otro país para su propio consumo”, es decir, la obligatoriedad de que Paraguay ceda a su socio sus excedentes sin cobrar un precio justo por ellos es una trampa de Brasil, no una exigencia de los organismos financieros, porque perfectamente se sabía que Brasil consumiría todo lo que pudiera y que, de hecho, su gran objetivo estratégico fue desde un comienzo asegurarse un porcentaje ampliamente mayoritario de la energía limpia y barata de la central.


Insinuar que Paraguay puso solo el agua y que le debemos la construcción de Itaipú a Brasil por haber garantizado los
préstamos equivale a decir que un país petrolero pone “solo el petróleo”, lo cual es un absurdo, porque el verdadero valor no está ni en las obras civiles, ni en las máquinas, ni en la financiación, sino en el extraordinario potencial energético del río Paraná.

Ni Brasil ni Argentina pusieron un centavo en Itaipú y Yacyretá, los empréstitos han sido y son solventados íntegramente por la generación de las dos centrales y, de hecho, los dos países han sido a su vez prestamistas de los proyectos y se han beneficiado desmedidamente con intereses usurarios y reconocimiento de deudas espurias.

El argumento de López Flores ha sido suficientemente rebatido, entre otros, por el Dr. Jeffrey Sachs y por el Premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, quien se refirió específicamente al tema en una entrevista con ABC.

Ya en el primer borrador de su informe con su equipo de la Universidad de Columbia, Sachs sostuvo que la parte paraguaya de la deuda de Itaipú estaba largamente saldada con las enormes parcelas de excedentes que cedió Paraguay sin cobrar lo que le correspondía.

Por presión de Brasil y de sus acólitos en Paraguay tuvo luego que moderar el lenguaje en el informe final, para decir
exactamente lo mismo.

Obvió la mención formal a “deuda paraguaya” (alegaron que la deuda es de Itaipú, no de Paraguay o Brasil, como recuerdan solo cuando les conviene) y sugirió una consolidación de cuentas con participación de organismos tales como el Fondo Monetario Internacional y las Naciones Unidas, a lo que Brasil se negó rotundamente.

El cálculo lo hizo otro investigador de la Universidad de Columbia, el Dr. Miguel Carter, quien concluyó que solo entre 1986 y 2018 Paraguay dejó de percibir 75,4 mil millones de dólares por sus excedentes.

Por su parte, Stiglitz refutó enfáticamente el razonamiento de que Paraguay puso solo el agua y que por ello debía renunciar al cobro de su parte de la energía para permitir la construcción de Itaipú.

Indicó que, al contrario, Paraguay puso “nada menos” que el agua, ya que es dueño del 50% de un recurso natural excepcionalmente valioso, que es la capacidad hidroeléctrica.

En determinadas circunstancias, dijo, los países se ven forzados a hacer concesiones especiales a los dueños
de la tecnología para acceder a la extracción de sus recursos, pero no es este el caso, porque en los años setenta la
tecnología hidroeléctrica ya era ampliamente conocida y los organismos financieros tenían vasta experiencia en la
financiación de este tipo de proyectos.

El pasado ya no se puede cambiar, pero en la próxima renegociación del Anexo C hay que conseguir que Brasil le pague a Paraguay por sus excedentes la diferencia entre el costo de Itaipú y el precio de mercado regional mayorista, hasta tanto el país pueda consumir el total de su mitad para su propio desarrollo.

Lamentablemente, por las señales que dan, lo más probable es que, una vez más, solo se cambie algo para no cambiar nada.

Fuente ABC Color

26/06/2021.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *