Orlando Valdés

Publicaciones sobre el sistema eléctrico paraguayo.

Las guaridas binacionales

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Intentando explicar la contradicción entre lo que se dice y se hace, el señor Cáceres optó por lo absurdo. Dijo, literalmente: “Yo tengo la instrucción del presidente de la República de transparentar.

29 DE MAYO DE 2021

Alfredo Boccia Paz Por Alfredo Boccia Paz

Lo que hizo el director general de la Itaipú, Manuel María Cáceres, revela el cinismo de este Gobierno.

Presentó una acción de inconstitucionalidad contra la intención de la Contraloría General de la República de realizar una auditoría financiera de los fondos socioambientales del lado paraguayo.

A primera vista, esta decisión estaría en contra de la proclamada voluntad de Mario Abdo de transparentar la gestión de su gobierno.

O ¿Cómo se entiende, entonces, que el presidente hable de transparencia y su subordinado haga lo contrario?

Hay que suponer, pues, que Mario Abdo miente, lo cual no sería novedoso. Al fin y al cabo, este es el presidente del “caiga quien caiga”. Y también miente el señor Cáceres, quien, hace solo unas semanas, en pleno lobby por conseguir el acuerdo para su nombramiento, había prometido a los senadores limpidez y puertas abiertas.

Quien redactó la noticia en este diario no le creyó mucho, pues tituló: “Otro más que promete puertas abiertas”.

Represa de Itaipú. 

Intentando explicar la contradicción entre lo que se dice y se hace, el señor Cáceres optó por lo absurdo. Dijo, literalmente: “Yo tengo la instrucción del presidente de la República de transparentar.

Por eso, hemos acudido a la Corte”.

Con más olfato para identificar el creciente tufo de hartazgo colectivo, Nicanor Duarte Frutos, director de la otra gran represa, olvidó su reticencia previa y fue más listo: entregó 29 biblioratos con la información requerida por el Senado.

Nadie sabe si en esos papeles está todo lo que se debe saber sobre los gastos sociales de Yacyretá pero, por un tiempo, habrá un viejo zorro menos atosigado por esta incómoda moda de la transparencia.

Es que es la primera vez que las oscuras guaridas donde se reparte el dinero de las binacionales son puestas seriamente en cuestión. O, por lo menos, la primera vez que la indignación por los robos y privilegios que allí ocurren abandona los ámbitos académicos, políticos y periodísticos, y se extiende, incontrolable, entre los comunes.

Ha tenido que venir la pandemia con su séquito de pobreza y desigualdad para que la exigencia de más luz en las guaridas se generalice.

Hay dos motivos por los que las represas internacionales han logrado mantener una notable opacidad en sus manejos financieros. El primero es la histórica falta de voluntad del Partido Colorado de hacer pública una información que está en la raíz misma de su permanencia en el poder. Itaipú y Yacyretá constituyen ductos subterráneos generosos que financian campañas, tranquilizan a correligionarios disconformes y enriquecen a las familias de los políticos encumbrados.

El segundo motivo es que los respectivos tratados las definen como personas jurídicas binacionales. Son condominios indivisos en los que ninguno de los Estados puede tomar decisiones por sí solo.

Las represas serían como mamushkas, un Estado dentro del Estado. Esta controvertida interpretación ha sido abrazada con fervor por los abogados de las binacionales.

Aquí debe hacerse una aclaración que es, en sí misma, una definición. Pese a que su directora jurídica, Iris Magnolia Mendoza, recibe un salario de cien millones de guaraníes y cuenta con decenas de abogados en su nómina, Itaipú ha tenido que contratar a un prestigioso profesional externo. Eso no tiene nada de malo, solo revela los injustificados nombramientos y los salarios asombrosos.

Este es, justamente, el tipo de información que las binacionales prefieren ocultar.

¿Qué hará la Corte con esta acción de inconstitucionalidad? ¿Estará, esta vez, a la altura de las circunstancias y decidirá con premura el fin de un blindaje que solo ha servido para una corrupción escandalosa?

Los miembros de la Corte deberían mirar la calle desde las ventanas de sus oficinas.

Quizás no solo vean angustia. Quizás también vean rabia en el rostro de la gente y eso los disuada de hacer lo de siempre: cajonear la resolución.

Fuente: Ultima Hora

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